La palabra de Ivar Matusevich: Íker Casillas y José Mourinho, el esperpento de un Real Madrid a la deriva


Por lvar Matusevich: Follow adrianboullosa on Twitter  

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El madridismo, como la complicidad de sus locuaces interlocutores, calla y silencia todo lo que puede hasta que, imposible de ocultar, la escatología se apodera del horizonte blanco y lo mancha con historias que reflejan el abismo existente entre los valores históricos y el acomodaticio antojo de la ignominiosa mercadotecnia florentinesca.

El apego del señor Florentino Pérez, empresario de éxito mientras España se desangra en una crisis que ahonda las desigualdades, que asumió la jefatura del Real Madrid –la primera- con un único objetivo: dejar el recuerdo en las vitrinas –oxidadas ya- y refundar el club en consonancia con su diagnóstico de lo que eran –porque ya no son- los tiempos modernos.

Decidió, junto a Jorge Valdano, el progre que toda reacción necesita para legitimarse, limpiar el vestuario y vaciarlo de símbolos identitarios: Vicente del Bosque, Fernando Redondo, Fernando Hierro, Guti, Raúl y muchos más, fueron invitados a salir durante sus dos administraciones.

Entre gastos, decisiones deportivas, fichajes y desmantelamiento interesado de la carga emotiva del Real Madrid, el club de Concha Espina se fue convirtiendo en una gigantesca marca a medida que fracasaba deportivamente en cada una de las aventuras planteadas desde que, precisamente, su plantilla quedó amputada de jugadores del club.

Si el Real Madrid fuera un Estado –tal y como parece retratarlo su palco en épocas como las actuales, de Contra-Reformas-, el cuarto poder, es decir la prensa –la afín claro- lo mantendría tan alejado de la realidad que la toma de la Bastilla sucedería mientras Florentino Pérez se hace el nudo de la corbata, la megafonía del club prohíbe que suene Shakira y Jorge Valdano recita Hamlet a la vez que Leo Messi regatea medio equipo mientras los desquiciados de siempre claman ¡Villarato! con el mismo ímpetu del ¡Arriba España! de épocas oscuras.

Es decir, que la prensa blanca ha perdido tanto su independencia que se ha caracterizado por aplaudir, por ejemplo, la conferencia de prensa en la que Florentino Pérez anunciaba su candidatura a la presidencia después de una feroz campaña en contra de Ramón Calderón, otro personaje circense, delfín de Florentino que cuando quiso nadar solo, murió ahogado entre las pirañas de una asamblea con socios del Atlético de Madrid.

El esperpento es tan palpable -y tan poco estudiado- que resulta inverosímil creer en las casualidades hasta que se llega a una parte para proteger el todo, en este caso, Casillas contra Mourinho. La mierda, no la sangre, llega al río, y las evidentes diferencias entre el canterano y el súbdito del poder se retratan día a día.

En este caso, es de rescatar que los silencios del capitán madridista exponen claramente su disconformidad a las técnicas lloronas y carentes de valores de Mourinho que se comporta, con el apoyo de un presidente sin voz deportiva, como dueño del Real Madrid. Casillas no acepta las excusas reiteradas ante la derrota ni las obsesiones de Mourinho con el FC Barcelona.

La cuestión es muy simple. Hay dos formas de entender el club y el fútbol dentro del vestuario merengue. Por un lado la pragmática que distorsiona sus propias miserias, encabezadas por el clan portugués, incluidos agente y portavoz –lo de este hombre es materia de Valle Inclán- y el grupo español. Casillas es el capitán y el único superviviente de la cantera madridista con voz propia. Representa la historia y la caballerosidad por encima del resultado deportivo. Creció junto a Vicente del Bosque y fue marcado por el ejemplo de Raúl y Hierro. No se parece en nada a la frívola y fracasada exhibición de siluetas y caras largas del Real Mourinho.

Lo hemos dicho hasta el hartazgo. La diferencia de valores –Casillas los tiene-, el desencanto con una forma de entender el juego que sólo será recordado por pisotones y quejas surrealistas, el vacío, la falta de valentía y el nulo señorío en la derrota, han abierto una brecha sin solución.

El madridismo, si algún día despierta y se avergüenza de lo que hoy está viviendo, tendrá que defender la única, aunque deshilachada, bandera que le queda: Casillas o el esperpento es el dilema. Que lo resuelvan ellos si creen en algo más que en la deshonra de las victorias que no llegan mientras sub-viven en el barro de su eterno Waterloo.

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Una respuesta a La palabra de Ivar Matusevich: Íker Casillas y José Mourinho, el esperpento de un Real Madrid a la deriva

  1. mario dijo:

    Pienso que muchos jugadores del Madrid no quieren comportarse como pretende su técnico. Lo que ocurre es que por el bien del grupo un jugador se debe a su técnico y mientras esté Mourinho todos deben seguir la misma corriente aunque no deseen hacerlo. Saben que si quieren títulos deben de intentar remar todos juntos y evitar las polémicas. Bien cierto es que al final cada uno saca su personalidad y su manera de ser y las fisuras se ven a 20000 mil leguas submarinas y terrestres(si las hubiere jejej). Si el Madrid no gana nada este año, saltará todo por los aires, y si gana algo Mourinho se irá a otro club y cambiará de aires por que el ambiente esta lleno egos que chocan. Cuando no es Mou con Casillas es Casillas con Cristiano. Y esto se sostiene porque están luchando por dos titulos importantes. Veamos como termina

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