Carta abierta a Pep Guardiola


Por lvar Matusevich: Follow adrianboullosa on Twitter

La cuerda cortada

La cuerda cortada puede volver a anudarse, vuelve a aguantar, pero está cortada. Quizá volvamos a tropezar, pero allí donde me abandonaste no volverás a encontrarme.

Bertolt Brecht

Querido Pep, cuando una persona como tú nos deja, el espacio es silencioso, vacío y al espíritu no le queda más remedio que volverse memoria y perpetuarte en el tiempo porque es lo que has conseguido: ser trascendencia.

Cuando te sentaste en el banquillo del Barcelona e incluso desde antes, no había una sola razón para que esto saliera mal. Tienes inteligencia, intuición, liderazgo y los diferentes registros para llegar a todos desde la piel o el intelecto.

Conceptualizaste el compromiso con la identidad blaugrana y lo sublimaste desde la naturalidad del trabajo y la repetición. Por ello creo que la frase cuando lo irrepetible se basa en la rutina, es la que mejor significa que la genialidad, para imponerse cada tres días, requiere muchos esfuerzos, y un andamiaje cerebral que, al final, te deja vacío.

Porque -y lo sabes- tuviste que vencer y convencer –así lo planteaste-, ser forma y sentido, espacio, longitud, hora y sufrimiento, mientras también te elevabas como el caballero de la triste figura, para pelear y destruir cada molino de viento en forma de infamia y bastardeo de los que ahora te alaban porque te vas y creen que, contigo, se marcha el azote de la belleza que tanto les quitó.

Fuiste el hombre imprescindible, el de la lucha siempre, el que describió Bertolt Brecht, el que no se detuvo ante nada y el que, sin precio ni contrato ante la avaricia de los viles, compuso la sinfonía más bella jamás tocada en un campo de juego y bastante más allá.

Y hoy aún me parece increíble que los agoreros de la experiencia dudaran y objetaran tu contratación por cuestiones de edad. Estaba tan claro que eras tú el hombre, que siempre fuiste tú el hombre, que todavía me vanaglorio por la obviedad y me río de aquellos que habiéndote conocido pensaran que no era tu momento.

Nada, absolutamente nada se te puede cuestionar y los que para muchos fue el estilo Barça, yo creo que no, que fue el tuyo, la superación más asombrosa y el alimento del espíritu que la mendacidad reinante tanto envidia. He ofrecido mucha tinta sobre ti, pero por encima de todo, te he querido y admirado, desde lejos, con el asombro y la ingenuidad de un lego que aprendió de tu ejemplo y dignidad.

Claro que me entran ganas de llorar porque nunca dejamos de lamentar lo que perdemos y, precisamente, en ese espacio en el que la presencia se transforma en recuerdo, es cuando más dolor se siente; instante que contradice aquello de que si recordamos, vivimos, por un recordar es sufrir. Y en esta redundancia descansará el dolor que nos dejas, la ausencia, el inmenso mar de espacio sin ti en el que aprenderemos a seguir, a pesar de todo.

No sé si eres consciente de lo que dejas y que desde este mismo instante comenzamos a contar las horas para verte volver, con la frente marchita o la ilusión de un niño, con la lanza en punta o la tranquilidad del sabio, con el entrañable ceñir de tu gesto y con el verbo afilado para decir aquí estamos.

Volverás, lo sé, porque amas lo que te deja exhausto, porque eres un hombre en búsqueda constante y la vida es un puto círculo en el que llegamos al mismo punto para sentir y tropezar de nuevo. Qué sabemos sino decir, desordenadamente, lo que sentimos, mientras con valor escondemos las lágrimas.

Y no dejará de haber quien se ría de los que sufrimos los permanentes desarraigos que te escupe la vida. Créeme Pep, nunca te acostumbras a dejar. Aunque a veces la pena dé lugar al alivio, siempre regresará en forma de pena. La vida es, lo sabemos, un eufemismo, un seguir constante hacia el abismo.

Entonces los retos no importan y todo se reduce a atrapar un poquito de esa felicidad que te toca, efímera, huidiza y excepcional. Donde vayas, estaremos, sabiendo que en tu destino vivirá el respeto que te has ganado siendo diferente y enseñando que ser el primero no vale un carajo.

Tu legado se resume en no traicionar la idea en medio de un océano de sin valores y objetivaciones falaces. Fuiste efectividad y utopía, distinto, irrepetible. Ahora has decidido entregarte al mundo, dejarte ahogar por la vida que allí afuera te espera y haces bien, aunque suframos tu ausencia porque, no lo olvides nunca, hombres como tú son los imprescindibles y a pesar de que esa carga te haya dejado vacío, no lo remediarás nunca. Toma aire y vuelve. Te queremos.

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¡Gracias!

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3 respuestas a Carta abierta a Pep Guardiola

  1. Jesus Manuel dijo:

    Grande donde los haya esperemos vuelvas pronto, y si dios quiere te vermos algun dia de Presidente del F.C Barcelona.

  2. Pedro Reséndiz dijo:

    Gracias Pep por tu juego bonito, por tu sencillez y a la vez tu grandeza, por ese futbol audaz y sobre todo gracias por serle fiel a tus principios y a tu filosofía para visualizar el futbol… Vuelve pronto Pep!!

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